Proveniente de la ciudad de Chillán, capital de la región de Ñuble en Chile, Rodrigo Romero Fuentes fundó en 2020 el proyecto Phuyu Y La Fantasma, que originalmente se trataba de un alias para el desarrollo musical que elaboraba por su cuenta a modo solista, formato con el que editó un par de álbumes, El Patio De Los Callaos en 2020 y Anticuecas Subterraneas de 2021, y fue precisamente con esta segunda grabación que alcanzó un nivel modesto, pero significativo de reconocimiento y la suficiente fortuna crítica como para hacerse de un lugar entre los primeros 50 discos de su año entre la comunidad Rate Your Music, cosa que se dice fácil.

Ahora Rodrigo se ha replanteado por completo el proyecto, y trae consigo la grabación mas ambiciosa que ha llevado a cabo en su corta, pero ya sólida carrera, pues de principio cambia a formato de banda, reclutando a Catalina Parra, quien tiene ya cierta celebridad bajo el alias Bitácora Celeste, para compartir el rol de voz cantante, a Ignacio Romero en el bajo y contrabajo y a Oscar Hernandez en la batería y las percusiones, quienes en conjunto pasaron tres años componiendo y grabando un álbum doble a editarse en dos entregas, la cara A (que ocupa esta reseña) fue publicada en septiembre por su discográfica de cabecera Registro Movil, responsable de debuts de proyectos como Candelabro o Chini.png.
El objetivo que el proyecto siempre ha perseguido es partir de la estructura clásica de la canción folclórica chilena o cueca, así como su intención enunciativa siempre transgresora, para replantearla desde los parámetros de una banda de rock contemporánea, con elementos claros de noise rock, math rock y post hardcore, y aunque su intención siempre ha sido realizar las grabaciones con la impronta de un ensayo nada pulido, el crecimiento sonoro que ha alcanzado el ahora cuarteto ha ganado en complejidad y profundidad sonora sin perder un ápice en fuerza y urgencia, construyendo una obra en cuatro capítulos, llena de crítica, conciencia política y rabia ante los tiempos.