Nunca fui muy afecto al boom que vivió Vampire Weekend a la salida de su debut Contra en 2008, algo no me cuadraba al ver a chicos preppy haciéndose los étnicos por que descubrieron a Paul Simon, sin embargo al pasar de los años creo que el proyecto ha ido creciendo muy dignamente y a década y media de esa efervescencia que les dio tan buena reputación generalizada, han sabido construir una carrera sólida basada en buenas canciones, un ingenio musical amplísimo y el perfeccionismo mas riguroso dentro del estudio de grabación, por lo que no sorprende que para sus últimos álbumes haya espacios de cinco o seis años de separación, se lo han tomado muy en serio.

De cierta manera, este álbum representa un regreso al formato de grupo que Vampire Weekend tuvo en un principio, pues tras la partida de su tecladista Rostam Batmanglij el grupo tuvo un quiebre y en su pasado álbum únicamente participó el cantante y guitarrista Ezra Koening con una multitud de músicos, dejando al bajista Chris Baio y al baterista Chris Thomson al margen de la grabación y tomando parte únicamente en las presentaciones. El álbum es producido por Koering junto con su colaborador de tiempo Ariel Rechtshaid, con participación de Batmanglij y Thomson, la mezcla la llevó a cabo Dave Fridmann, y cuenta con un ejercito de músicos invitados.
Only God… sin duda representa el disco mas ambicioso musicalmente del grupo, que sin perder su carácter relajado y juguetón, goza de una creatividad desbordada en sus construcciones instrumentales, que bien pueden llegar a ser ridículamente pomposas, rayar en la arrogancia de la precisión técnica, o ser de la elegancia mas puntual, pero siempre está pasando algo interesantísimo en los arreglos de cada canción, ya sea una orquesta desaforada o el diálogo disonante entre un contrabajo y una trompeta con sordina o una guitarra con un saxofón a lo free jazz, lo cual podría haber resultado una indigestión de recursos, pero se sostiene perfectamente de las firmes estructuras de una canción bien construida.