Mandy, Indiana – Urgh

Mandy, Indiana

Urgh
experimental, noise

Reseña
Por: Arturo López Rojas

"Abandonne tout espoir, car ce soir je viens pour toi." Abandona toda esperanza, porque esta noche voy por ti. Valentine Caulfield lo canta distorsionada, en francés, sobre una pared de feedback y batería que no da tregua. Es el centro de "Magazine", y también la frase que mejor resume lo que es Urgh: un disco que no negocia.

El contexto importa aquí. Caulfield y el baterista Alex Macdougall pasaron los últimos años entre enfermedades y cirugías, y ese tiempo de quiebre se filtró directo al material. "Magazine" la escribió durante su recuperación de una agresión sexual, por indicación de su terapeuta. "Life Hex" destruye a alguien que "desfila en su estupidez convencido de ser rey", una línea que funciona igual apuntando a un político que a un acosador cercano. No hay distancia artística entre lo que vivieron y lo que grabaron. Eso se siente a kilómetros. Advierte.

En su sonido tan visceral, el cuarteto de Manchester construyó algo más pesado y extraño que su debut. La batería de Macdougall tiene una intensidad de Lightning Bolt que ancla canciones que de otra forma se dispersarían en puro ruido. "Sicko!" mete al rapero Billy Woods sobre sintetizadores que suenan a maquinaria hospitalaria en colapso, y el resultado recuerda a Anti-Pop Consortium en su mejor momento, urgente y casi ilegible. "Sevastopol" abre el disco con una orquesta sintética que aparece de la nada como algo sacado de Dean Blunt, incómoda y perfecta.

Para alguien que llega sin historial con la banda, Urgh no ofrece puntos de entrada amables. Pero tampoco los necesita. Es un disco construido desde la rabia genuina, no desde la estética de la rabia, y esa diferencia se nota. Me dejó helado de la buena manera: esa sensación de haber escuchado algo que todavía no termino de procesar del todo.

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