Justo en los mismos tiempos en que expertos y villamelones aseguraban, no una crisis, sino una franca muerte del rock de cara a una industria que solo atiende a la sobreoferta pop y ritmos latinos, el actual cuarteto oriundo de Filadelfia Mannequin Pussy, comandado por la carismática Marisa Dabice, pilar y único miembro fundador, irrumpían en el panorama independiente con un formidable tercer disco titulado Patience que no solo les colocó en el mapa, sino que les redituó todo tipo de fortuna crítica y los posicionó en cuanta lista respetable de los mejores del año fuera publicada en 2019, así que su continuación era por demás esperada.

Cinco años pasaron para que I Got Heaven viera la luz, y en este tiempo el grupo vivió cambios importantes en su configuración, dejando atrás a su otro miembro fundador Athanasius Paul, quien fuera reemplazado por la guitarrista Maxine Steen quien ha llegado para inyectar nueva vida al proyecto, así como el cambio de rol del bajista Colins “Bear” que ahora participa como coautor de varios de los temas del álbum, producido espectacularmente por un John Congleton (Explosions In The Sky, Clinic, The Black Angels) tan involucrado en el proyecto que incluso también firma crédito como compositor.
Desde siempre el grupo se ha caracterizado por un sonido bastante intenso y enérgico que inmediatamente resalta la influencia de bandas emblema del rock de los noventa como Hole, Smashing Pumpkins o Nirvana, al cual apelan de manera contundente, concisa y sin miramientos, y este álbum no hace mas que reafirmar y dar un paso adelante, explorando un equilibrio entre su ya perfectamente confeccionado garaje punk rock, con elementos claros de power pop que abren un espectro mucho mas interesante a una colección de canciones furiosas y llenas de ganchos, que a lo mas llegan a los cuatro minutos, construyendo un álbum de treinta minutos urgentes, filosos y bien pegadizos.