Un verdadero maestro del piano. A.A. (no confundir con alcohólicos anónimos) me recomendó el álbum original (2004), el cual escuché en el 2022 y, después de adentrarme un poco en su carrera, descubrí que Chilly también fue compositor de la canción Within con Daft Punk, en el álbum del dúo francés, Random Access Memories (2013). Al ver que una versión en vivo de Solo Piano fue anunciada en Spotify, puse presave (algo que no suelo hacer). Ahora, puedo decirles que valió la pena. El álbum es dulce, orgánico y fantástico. Las versiones en vivo superan a las originales, ya que Chilly (o Mr. Chill) se atreve a tomar nuevos rumbos en cuanto a estructura, creando nuevas reacciones en cada espectador.
Es buena señal ver a un músico regresar con tanta pasión a un proyecto. Es como leer un diario y sorprenderse (o arrepentirse) de lo que uno(a) escribió, o sintió, en aquel momento. Como el buen vino, Jason Charles Beck (nombre original del artista) eleva su imagen y su manera de expresión; incluso en los errores encuentra la manera de hacerlos fluir. Uno de mis momentos preferidos es en Armellodie, es puro y sincero. Sin trabas en la lengua. Como la novela de Gioconda Belli: El infinito en la palma de la mano (2008); o en el caso de Chilly Gonzales… dos. Su ingenio reproduce armonías sin declive, superándose, pero al mismo tiempo respetando el mensaje que tenía en mente plasmar. Carnivalse me hizo sentir en dejavu. Dot me transportó a un nunca antes visto videojuego de Zelda, que luego nos conduce a la pérdida e introspección. Es ahí cuando llegan los aplausos de parte del público. Reconocen (por fin) a su artista. Goethe (uno de los escritores más influyentes en la literatura universal) decía que la arquitectura (para él) es música congelada.

Pudiera decir lo mismo sobre la música de Solo Piano. Te envuelve en una clase de neblina. Una nube a la altura de una montaña, deteniéndose y creando una atmósfera contemplativa. Muy al estilo de Godol, canción con la que abre el álbum. No se diga de Paristocrats, una carta de amor al público y la gente de París. No es fácil recrear lo que alguna vez fuiste, pero Chilly Gonzales se encarga de renovarse, y con ello renacer. Es un concepto que la mayoría de los artistas dan por sentado. El tocar un álbum, por entero, en vivo. Interpol lo hizo con Turn On The Bright Lights.Air lo hizo con Moon Safari. Y ambas bandas se fueron de tour con esos álbumes. No ocupaban nuevo material. Necesitan recordar y para hacerlo, en términos neo-socráticos, no tenían que decir: conócete a ti mismo. Al contrario, tenían que decir: reconócete. Prefiero eso a que una banda, o artista solista, se vaya de gira (tour) cada año. Algo que me parece una pérdida de tiempo. Y entiendo que hay artistas (la gran mayoría, me temo) que están obligados a irse de gira. Sea para compensar una deuda con el estudio, o cumplir términos y condiciones contractuales. A veces, es lo único que los mantiene a flote. Su única fuente de ingreso. El mito de Sísifo en carne y hueso, el artista condenado a tocar una canción hasta el fin de los tiempos. O escucharla en un bar, como el artista que nunca dio el gran salto, hasta el fin de los tiempos. A esto le llamo «Fatiga musical». Brian Eno (pionero del género ambient y legendario productor discográfico), de setenta y seis años, dijo en el podcast de Broken Records que uno de sus álbumes favoritos lo ha escuchado, hasta el momento, cuatro veces; puede que solo tres.
Comentó que prefería dejarlo trabajar a través de las décadas, y solo regresar cuando lo sintiera necesario. ¿Notan algo interesante aquí? ¡Exacto! Fue Brian quien decidió regresar, no un algoritmo. Siguió su intuición, algo que se ha perdido en los últimos años gracias a las plataformas de streaming, cuyas recomendaciones (en su mayoría, corporativas) llegan a ser un arma de doble filo. ¿Te imaginas escuchar tu música favorita cada veinte o treinta años? Y creo que tiene un punto (Brian). Cuando regresamos a una obra después de tanto tiempo, nos da la oportunidad de redescubrir emociones; incluso conectar sucesos que vivimos durante todos esos años. Una letra que ahora hace sentido. Una nota que antes parecía inaudible, y ahora es el elefante rosa del cuarto, no hay manera de ignorarlo. Es cuestión de qué tantos años está dispuesto un artista a sacrificar para volver a su música. Dejar que envejezca al igual que una pintura o texto literario. Gentle Threat es un claro ejemplo de ello, delicada y sin afanes. Tensa y, en ocasiones, ecuánime. Dejando que las pausas nos dejen queriendo (e imaginando) más. La versatilidad y control de Chilly Gonzales parece no tener límites. Me pregunto qué pasará en los próximos veinte años. Philip Glass y Patti Smith nos han otorgado grandes ejecuciones de piezas compuestas hace más de cuarenta años. Supongo que tendremos la misma suerte con Chilly Gonzales, y eso es lo que más necesitamos de él (y nosotros) en estos tiempos de angustia y desenfreno: interpretar y saber interpretarse. Aunque eso signifique abandonar lo que alguna vez fue parte de su alma. Parte de sí.