Este álbum no es para los débiles. Lo evité durante más de dos años debido a un problema en el corazón. Mirar la portada del álbum me causaba ansiedad. Fue con el paso de los meses cuando finalmente pude escuchar a una de las mejores voces de nuestra época.
Weyes Blood regresó a sus orígenes, con arreglos melancólicos y sentimientos que evocan la gloria de los años 60s y 70s. La lentitud es una habilidad que pocos poseen. En un mundo donde todo es inmediato, se necesita de este tipo de música para recordarnos que podemos manejar lento, hacer pausas mientras hablamos; incluso dejar de pensar en el recibo de luz cuando una persona nos está hablando. Tenemos esa mala costumbre de pensar una respuesta cuando la otra persona ni se encuentra a la mitad de lo que en verdad quiere decir. Por ello las leyendas de la música y del cine parecen extinguirse de un día para otro.

Con ritmos que recuerdan a la banda sonora de Air en el largometraje de Sofía Coppola “The Virgin Suicides", la cantante (nacida en Santa Mónica, California) ofrece baladas primordiales para una persona en busca de sí misma. El álbum nos hace disfrutar de un viaje en la carretera, o una tarde en la comodidad de tu cuarto, sin mucho que hacer. Un chavoruco pudiera decir que esto es música de supermercado o, en el peor de los casos, de elevador. Pero esa es la música que se apodera de nuestro subconsciente, obligándonos a pasar largas horas en un mismo lugar. Por más que lo repita, ella tiene el potencial de hipnotizarnos como lo hizo el personaje de Jean-Baptiste Grenouille en la novela “El Perfume” de Patrick Süskind. Repleta de romanticismo, Weyes Blood nos guía a un estado de espiritualidad, arquitectura gótica, fotografías de Ansel Adams y paisajes trazados por la mano de Van Gogh.
No creo que sea justo calificar su obra como música de oficina, lo cual se ha vuelto, más que una trivialidad, un método de supervivencia corporativa. Si pusieran este álbum en una plaza comercial, o un banco, el personal renunciaría de inmediato. No porque la música sea mala, sino porque su música nos invita a abandonar todo lo que uno (o una) representa. El oyente se olvida dónde está; ¿qué estaba haciendo?; ¿qué estaba por hacer?; ¿en dónde vive?; ¿quién es su pareja?; ¿cuál es el nombre de su pareja?; ¿quién le dio un nombre tan horrible?; ¿por qué eligió a esa persona como su pareja?; ¿por qué eligió esa fecha para celebrar su aniversario?; ¿por qué siguen juntos?; ¿por qué no adoptó un gato mejor?